Tengo cien bufandas en la percha
y mil abrigos en mi armario,
pero es que no entiende el invierno
que en mi cuello sólo quiero tus labios,
que como terapia contra el frío
mi piel prefiere tu cuerpo.
Que por eso quiero que seas Neruda
y me hagas lo que la primavera a los cerezos.
Y un verso final que tampoco entiende
ni viene a cuento:
te quiero.
lunes, 29 de octubre de 2012
Propuestas
[...]
No te doblegues ante mis súplicas
ni cedas a los chantajes de mis labios,
róbame el tiempo a plazos
y con intereses,
planea la huída perfecta:
ida y vuelta sin billete.
sábado, 13 de octubre de 2012
Re-flanes
La curiosidad mató al gato
y a mí tus ojos.
¿Más vale pájaro en mano?
Mejor cien besos de mis labios rojos.
Un clavo saca a otro clavo,
y tus versos cerraron los abismos
que agujereaban mi corazón roto.
Donde dije digo a ti te nombro
y si te (d)e(s)visto no te olvido.
y a mí tus ojos.
¿Más vale pájaro en mano?
Mejor cien besos de mis labios rojos.
Un clavo saca a otro clavo,
y tus versos cerraron los abismos
que agujereaban mi corazón roto.
Donde dije digo a ti te nombro
y si te (d)e(s)visto no te olvido.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Ítaca, patria querida
Algo más
que paredes que aíslan del tiempo
con sus libros
y su música de sirenas.
Sus tazas y copas
son testigos mudos
de grandes confesiones,
de amarillos y pares de naranjas.
Ítaca, mi infancia
de sábados por la mañana
y su desayuno con dos diamantes.
Morada de poetas y casualidades,
lugar sin lestrigones ni cíclopes
ni deidades enfadadas,
sino con encuentros y despedidas,
pero sobre todo
con llegadas.
que paredes que aíslan del tiempo
con sus libros
y su música de sirenas.
Sus tazas y copas
son testigos mudos
de grandes confesiones,
de amarillos y pares de naranjas.
Ítaca, mi infancia
de sábados por la mañana
y su desayuno con dos diamantes.
Morada de poetas y casualidades,
lugar sin lestrigones ni cíclopes
ni deidades enfadadas,
sino con encuentros y despedidas,
pero sobre todo
con llegadas.
?
Siempre he sido sólo un nombre,
a lo sumo ese pronombre,
en boca de personas
que no llegaban a hombres todavía,
muy educados, madrugadores,
vivían de día,
sus obligaciones, el tranvía.
Cuando yo en realidad quiero
que cada vez me llame distinta,
que me descosa las heridas
para que por fin escape el pasado,
que me coma el corazón a besos,
que se atreva a necesitarme demasiado
sabiendo que yo
no llegaré a hacerlo.
a lo sumo ese pronombre,
en boca de personas
que no llegaban a hombres todavía,
muy educados, madrugadores,
vivían de día,
sus obligaciones, el tranvía.
Cuando yo en realidad quiero
que cada vez me llame distinta,
que me descosa las heridas
para que por fin escape el pasado,
que me coma el corazón a besos,
que se atreva a necesitarme demasiado
sabiendo que yo
no llegaré a hacerlo.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
B/N
Las únicas sonrisas a color posibles en el siglo XX
eran en los cuadros,
pero los pintores no pintaban sonrisas.
eran en los cuadros,
pero los pintores no pintaban sonrisas.
martes, 18 de septiembre de 2012
Déplacer
sábado, 8 de septiembre de 2012
Círculos
Ahí estaban, como cada viernes, ella y su libro, su café sin azúcar y el camarero que la observaba con curiosidad desde el otro lado de la barra; el mismo camarero que veía cada martes al muchacho en esa misma mesa con la misma actitud.
Y una tarde le dijo al servirle su taza:
-¿Por qué no pruebas a venir un viernes?
Seguro que te sorprendes.
Y una tarde le dijo al servirle su taza:
-¿Por qué no pruebas a venir un viernes?
Seguro que te sorprendes.
Y ella,
cansada de esos rincones ya sin sorpresas para su sonrisa,
de esos cielos apagados de atardeceres,
abandonó la ciudad,
se fue con su silencio a otra parte
justo cuando la mirada de él iba a cantarle su mejor canción.
Don Nadie con nombre
Me he empezado a morder las uñas
en el café de la mañana
porque te cuelas en mis noches
y en ellas te araño la espalda.
Unto mis labios con carmín
para conservar mejor tus besos
-lo hago a veces con buen vino
y paso horas relamiéndolos,
pues ya sabes que te miro
con la memoria de un ciego.
Ahora echo sal al té de canela
para beberte cuando sales del mar,
y me visto con la mejor utopía
cuando paseo a solas con la soledad.
Así que me apretarás el corazón
que canta jazz rayado en un vinilo,
y me desharás después los recuerdos
para hacerme después el amor.
Por favor, te lo pido.
lunes, 30 de julio de 2012
A Don Nadie (IV)
Yo quiero llegar
a la suite de 3 estrellas
que me escondes en la alcoba
de esos ojos negros.
Pero hay muchos escalones,
si contamos con que nunca sé
subir más allá del sótano.
Ese sótano en el que me obligo a habitar
porque no sé ya vivir en otro sitio;
corazón en las cloacas,
acostumbrado a la mugre en la piel
y a bailar con las ratas.
Aunque hay fotografías y cuadros,
algunos de mis grandes libros,
música, cerveza y algo de vino
que compré para ti;
la pena es que no sé
si bajarías a este infierno por mí,
si aceptarías dejar tu Edén
por un rato con los besos de mis caderas.
a la suite de 3 estrellas
que me escondes en la alcoba
de esos ojos negros.
Pero hay muchos escalones,
si contamos con que nunca sé
subir más allá del sótano.
Ese sótano en el que me obligo a habitar
porque no sé ya vivir en otro sitio;
corazón en las cloacas,
acostumbrado a la mugre en la piel
y a bailar con las ratas.
Aunque hay fotografías y cuadros,
algunos de mis grandes libros,
música, cerveza y algo de vino
que compré para ti;
la pena es que no sé
si bajarías a este infierno por mí,
si aceptarías dejar tu Edén
por un rato con los besos de mis caderas.
Julia
A Don Nadie (III) (Sabineros)
Por todo esto te pareceré
un corazón sin salida,
una sala de espejos,
y buscarás tu billete de ida
a una luna bien lejos
de esta loca suicida.
No tengo paciencia
para recorrer tus poros con mis besos,
pero sí puedo memorizar
todos y cada uno de tus lunares
si me los susurras en silencio.
No beso para no soñar,
igual que tú te drogas
para hacerlo sin parar.
Ládrame y te abriré
el balcón de mis ojos de gata,
abre la nevera y sírvete
mientras esta loca te mata.
Sabineros
Ya que me dejas
los labios destrozados
podrías tener la decencia
de invitarme a whisky helado.
los labios destrozados
podrías tener la decencia
de invitarme a whisky helado.
Y tú subirme a tu cama
y dejarte de hablar tanto,
que esos labios rojos
no se besan solos, encanto.
Pero no te quiero ver a mi lado
cuando llegue la mañana;
no me trae buena suerte
amanecer abrazada a un canalla.
Tranquila, preciosa,
sólo pretendo quitarte la falda,
prometo esta vez ser decente
y decirte adiós con la mirada.
jueves, 5 de julio de 2012
Storni 63 (II)
Lo siento si he creado en ti
un complejo de coyote
con mi apariencia de correcaminos.
Juro que no quiero huir de ti
sino contigo.
Así que déjate la dinamita
y demás artificios,
derrite el hielo
de este desierto
y corramos en la misma dirección
sin prisa ni tiempo.
un complejo de coyote
con mi apariencia de correcaminos.
Juro que no quiero huir de ti
sino contigo.
Así que déjate la dinamita
y demás artificios,
derrite el hielo
de este desierto
y corramos en la misma dirección
sin prisa ni tiempo.
Storni 63
Creerás que juego a ser
esa flor perdida en un bosque
o el agua que se esconde
en la nada del desierto.
Pero todo es oscuro
a este lado del sueño,
donde no se puede reunir
tu allí con mi ahora,
donde en el aire flota
un vano deseo
mientras que no pasa
nada más que el tiempo.
Qué utópico imaginarte
al otro lado de la cama
despertándome cada mañana
colgado de mis pestañas
y un beso con tu voz de invierno
que convierte en barro
la arena de mi cuerpo.
esa flor perdida en un bosque
o el agua que se esconde
en la nada del desierto.
Pero todo es oscuro
a este lado del sueño,
donde no se puede reunir
tu allí con mi ahora,
donde en el aire flota
un vano deseo
mientras que no pasa
nada más que el tiempo.
Qué utópico imaginarte
al otro lado de la cama
despertándome cada mañana
colgado de mis pestañas
y un beso con tu voz de invierno
que convierte en barro
la arena de mi cuerpo.
sábado, 26 de mayo de 2012
#8
Encontrarte de repente
en cualquier esquina
de una rayuela
y confesarte toda mi vida
de un solo asalto;
llámame Amaya,
tú voz de octubre
y ojos de mayo.
Pero qué irónico pensar
que solo puedo verte
en las calles de la revolución.
Qué tontería imaginar
que camino sin buscarte
pero sabiendo
que ando para encontrarte.
en cualquier esquina
de una rayuela
y confesarte toda mi vida
de un solo asalto;
llámame Amaya,
tú voz de octubre
y ojos de mayo.
Pero qué irónico pensar
que solo puedo verte
en las calles de la revolución.
Qué tontería imaginar
que camino sin buscarte
pero sabiendo
que ando para encontrarte.
martes, 1 de mayo de 2012
Farsante de Auvers
"Soy trilero", me dijo.
Pero yo seguí jugando
como buena kamikaze
porque descubrí entre su equipaje
un ramo de girasoles y lirios.
Pero yo seguí jugando
como buena kamikaze
porque descubrí entre su equipaje
un ramo de girasoles y lirios.
martes, 24 de abril de 2012
Mi otra yo
Lo mató. Lo mató a fuerza de blues. Fue rápido, tan sólo duró toda la noche.
Lo mató a fuerza de lágrimas, la única forma de no dejar huellas que permitieran llegar a ella.
Lo mató a fuerza de lágrimas, la única forma de no dejar huellas que permitieran llegar a ella.
lunes, 23 de abril de 2012
Ojos de india
Cuando el maestro me consiguió un saxo que te hubieras muerto de risa si lo ves, entonces creo que me di cuenta en seguida. La música me sacaba del tiempo, aunque no es más que una manera de decirlo. Si quieres saber lo que realmente siento, yo creo que la música me metía en el tiempo. Pero entonces hay que creer que este tiempo no tiene nada que ver con... bueno, con nosotros, por decirlo así.
Me dijo que tengo piel de terciopelo
(para poder robarme un beso),
pero no caí en la trampa
porque mi piel
es del latón
de un saxofón de lluvia.
Que tengo la cabeza muy cuerda,
pero en realidad ni siquiera
doy cuerda a los relojes:
son de sol, o de luna,
o de arena que sellé a fuego
para que no escapara
ni un sólo grano de tiempo.
Que ando siempre como perdida,
pero yo no sigo al asfalto
sino que dejo que los lunares de mis pies
me sirvan de guías.
Y en fin, que no tengo mirada de gato
sino de niña india;
qué quieres que le haga,
si tengo los ojos empapados de la vida.
Me dijo que tengo piel de terciopelo
(para poder robarme un beso),
pero no caí en la trampa
porque mi piel
es del latón
de un saxofón de lluvia.
Que tengo la cabeza muy cuerda,
pero en realidad ni siquiera
doy cuerda a los relojes:
son de sol, o de luna,
o de arena que sellé a fuego
para que no escapara
ni un sólo grano de tiempo.
Que ando siempre como perdida,
pero yo no sigo al asfalto
sino que dejo que los lunares de mis pies
me sirvan de guías.
Y en fin, que no tengo mirada de gato
sino de niña india;
qué quieres que le haga,
si tengo los ojos empapados de la vida.
domingo, 15 de abril de 2012
Llueve sobre mojado
¿Para qué querrá la lluvia
lloverle al mar?
Porque le gustan los refranes con su nombre,
o por envidia quizás.
Una estrella fugaz
contra el universo
y su eternidad.
lloverle al mar?
Porque le gustan los refranes con su nombre,
o por envidia quizás.
Una estrella fugaz
contra el universo
y su eternidad.
Círculo azul
Comenzaron a hablar no recordaba bien de qué, y tampoco le alcanzaba la memoria a qué número exacto de cervezas ella le ofreció pasar la luna en el mismo colchón. Aceptó, claro, cuántas noches sin una respiración en su cuello...
Ella se atrevió a cogerlo de la mano en ese paseo, y él no dejaba de buscar algo que le llamara la atención para poder volver a buscarla. Y entonces tropezó y se sintió un poco Quincampoix al descubrirse siguiendo las flechas azules que lo llevaron a un portal con un olor a corazón de verdura que no encontraría en ningún rincón de la ciudad.
En ese colchón fue donde ella le regaló por primera vez su sonrisa de Amelie.
Cuando volvió por el camino azul al día siguiente ella ya no estaba, se había esfumado sin dejar más huellas "Poulain" que le permitieran decirle dos palabras.
Pasó el tiempo, cervezas en dosis individuales y una terrible soledad. Pero todo se cura, dicen, y en el mismo bar conoció a otra mujer, como si el faubleux destin quisiera ayudarlo a olvidar. Ella le ofreció su casa: "no es gran cosa, ya sabes, piso alquilado".
Pero se arrepintió de aceptar cuando se sorprendió con esa sensación-Quincampoix siguiendo aquellas flechas azules otra vez. Si era broma no tenía gracia. Llegó a ese portal de la verdulería y quiso volver. Pero ese pelo negro del mismo color que la mirada que tenía enfrente no se lo permitió. Así que subió al ascensor y él pulsó el botón del 5. "¿Cómo lo sabes?". "Intuición". Y también la guió por ese pasillo hasta la cama en la que cada beso le supo como una magdalena de libro, a pastel de cerezas.
Ella se atrevió a cogerlo de la mano en ese paseo, y él no dejaba de buscar algo que le llamara la atención para poder volver a buscarla. Y entonces tropezó y se sintió un poco Quincampoix al descubrirse siguiendo las flechas azules que lo llevaron a un portal con un olor a corazón de verdura que no encontraría en ningún rincón de la ciudad.
En ese colchón fue donde ella le regaló por primera vez su sonrisa de Amelie.
Cuando volvió por el camino azul al día siguiente ella ya no estaba, se había esfumado sin dejar más huellas "Poulain" que le permitieran decirle dos palabras.
Pasó el tiempo, cervezas en dosis individuales y una terrible soledad. Pero todo se cura, dicen, y en el mismo bar conoció a otra mujer, como si el faubleux destin quisiera ayudarlo a olvidar. Ella le ofreció su casa: "no es gran cosa, ya sabes, piso alquilado".
Pero se arrepintió de aceptar cuando se sorprendió con esa sensación-Quincampoix siguiendo aquellas flechas azules otra vez. Si era broma no tenía gracia. Llegó a ese portal de la verdulería y quiso volver. Pero ese pelo negro del mismo color que la mirada que tenía enfrente no se lo permitió. Así que subió al ascensor y él pulsó el botón del 5. "¿Cómo lo sabes?". "Intuición". Y también la guió por ese pasillo hasta la cama en la que cada beso le supo como una magdalena de libro, a pastel de cerezas.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Confesiones en gíglico II (Doña Nadie)
Para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero
Julio Cortázar
es algo de la historia de Roma
y rescatar fideos con cuchara.
Mis conocimientos de botánica
se reducen al té con jazmín,
y los de medicina a temblores de piernas
cuando creo que me enamoro.
De pintura sólo sé
colorear mis labios de rojo,
y le advertí de mi amor (o locura)
por el aire de Van Gogh y Chagall,
por el azul de Picasso,
mi debilidad (o locura)
por Cortázar y el uruguayo.
No sé apostar al póker
(siempre pierdo si llevo corazones).
¿Música? Guitarra y saxofones.
Mis buenos modales se basan
en tomar café sin azúcar
(y sin aliento),
en llevar el alma desnuda
y olvidar el pedal de freno.
Pero lo tranquilicé con mis ojos:
es más fácil olvidarlos
que enamorarse de ellos
con esta luna sin reloj.
viernes, 23 de marzo de 2012
Confesionesengíglico
Me confesó entre trago y trago que iba buscando amores por miedo a dormir solo.
Que la noche negra lo desesperaba y lo dejaba vacío por las mañanas.
Que prefería no tener que buscar más, con una se conformaría, aunque no le importaba usar y tirar.
Me confesó entre calada y calada que iba buscando algún amor por miedo a morir solo.
Me confesó que, si yo quería, (una noche o toda la vida) sería su todo.
Que la noche negra lo desesperaba y lo dejaba vacío por las mañanas.
Que prefería no tener que buscar más, con una se conformaría, aunque no le importaba usar y tirar.
Me confesó entre calada y calada que iba buscando algún amor por miedo a morir solo.
Me confesó que, si yo quería, (una noche o toda la vida) sería su todo.
lunes, 19 de marzo de 2012
Madrid 8 a 11
La paz de los acordeones de París en cada boca al aire, con voz de Amstrong, o un arpa en el último pasillo del subsuelo que hace que me tiemblen los huesos del corazón, un escalofrío por cada acorde.
Encontrar al violinista de Chagall al lado del poeta, y un poco más lejos la casa azul cerca de la zorra y las uvas. Chagall, de trazo triste y aire triste y azul triste.
Velázquez anda al doblar la esquina de la calle de Rubens, y al fondo del pasillo me saluda el arlequín con su espejo. El Kandinsky tricolor sonríe cuando corro al verlo y me llama Picasso otra vez. Van Gogh y Degas y Lautrec y Hopper me sorprenden y me presentan lienzos de desconocidos. Manet, Monet, Gauguin y Renoir me hacen libre entre cuatro paredes, entre jardines y pinceladas confusas.
La niña de Renoir del rincón quiere jugar con el niño de Picasso y su perro azul mientras los mira melancólica la bebedora de absenta; y de pronto los colores de Kandinsky me vuelven a llamar.
La Venus de Ammannati me habla con esos ojos negros.
La luna es más verde y redonda que nunca.
El Botánico con los lirios y el almendro de Van Gogh (que me espía desde los ojos de un niño explorador). Las flores caen al suelo como al pasto el rocío. La palmera, perfecta y soberbia, vigía que admira la belleza del blanco magnolio mientras los narcisos se marchitan de celos. Los trozos de mi bosque diseminados entre flores.
Los libros viejos y mi promesa de volver una mañana de domingo.
El Retiro con sus jazzistas-de-sonrisas, la magia de un negro cubano-pseudoalemán y la alegría del payaso-de-piruleta. Los árboles bañándose sin pudor para que los observen desde los ventanales del palacio de cristal (pero prefiero perderme en el argentino que dibuja tangos).
Encontrar al violinista de Chagall al lado del poeta, y un poco más lejos la casa azul cerca de la zorra y las uvas. Chagall, de trazo triste y aire triste y azul triste.
Velázquez anda al doblar la esquina de la calle de Rubens, y al fondo del pasillo me saluda el arlequín con su espejo. El Kandinsky tricolor sonríe cuando corro al verlo y me llama Picasso otra vez. Van Gogh y Degas y Lautrec y Hopper me sorprenden y me presentan lienzos de desconocidos. Manet, Monet, Gauguin y Renoir me hacen libre entre cuatro paredes, entre jardines y pinceladas confusas.
La niña de Renoir del rincón quiere jugar con el niño de Picasso y su perro azul mientras los mira melancólica la bebedora de absenta; y de pronto los colores de Kandinsky me vuelven a llamar.
La Venus de Ammannati me habla con esos ojos negros.
La luna es más verde y redonda que nunca.
El Botánico con los lirios y el almendro de Van Gogh (que me espía desde los ojos de un niño explorador). Las flores caen al suelo como al pasto el rocío. La palmera, perfecta y soberbia, vigía que admira la belleza del blanco magnolio mientras los narcisos se marchitan de celos. Los trozos de mi bosque diseminados entre flores.
Los libros viejos y mi promesa de volver una mañana de domingo.
El Retiro con sus jazzistas-de-sonrisas, la magia de un negro cubano-pseudoalemán y la alegría del payaso-de-piruleta. Los árboles bañándose sin pudor para que los observen desde los ventanales del palacio de cristal (pero prefiero perderme en el argentino que dibuja tangos).
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