viernes, 4 de febrero de 2011

El preso soñó

Sus propios camaradas lo delataron por no ser fiel a su palabra; a pesar de que se comprobó que fue a causa de estar herido, no importó.
Tras un juicio de esos que tan bien se recrean en un escenario, fue llevado al aire libre. En el camino, que se le pareció eterno, le dio tiempo a pensar en toda su vida. A la misma vez que recordaba a sus hijos, las charlas con sus amigos, el amor de su mujer y sus proyectos de futuro, le daba tiempo a jurar una y mil veces su inocencia al cura que lo acompañaba. De nada sirvió su dolor y de menos sus palabras; aun así, continuó con su promesa fiel a su corazón, con su amor al mar, a las mañanas de los domingos de primavera, al chocolate con nata, a ese pueblecito donde pasó su infancia, al libro de poemas de su mesilla, a la foto que siempre llevaba en el bolsillo.
“¿Te vendo los ojos?”. “Sí”. No deseaba ver frente a él, arrodillados esperando órdenes, a esos camaradas con los que había compartido su vida en las trincheras, con los que había llorado –cerveza en mano– al pensar en quienes sufrían por ellos cada noche. No quería ver tampoco a la figura con sotana negra que encarnaba al dios de su religión, al dios que justo en ese momento estaba haciéndose la manicura y se olvidaba de sus ruegos, de su vida y su inocencia.
“¡Preparen armas!” El preso de la patria por la que luchó continuaba con su firme juramento de no ser culpable, de haber luchado con valentía, continuaba deseando volver a ver la luz del sol,…
“¡Apunten!”…recordando la sonrisa de esa mujer morena tras su primer beso, su primera noche juntos, tras el nacimiento de sus hijos, tras su partida a la guerra (sí, ella siempre sonreía); recordando a sus amigos tras la barra de aquel bar, el viento en la cara, la preciosa libert…
“¡Fuego!”
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“Ha muerto muy bien, sin complicaciones, esos treinta hombres dispararon a la vez y lo mataron en el acto. ¿Me pasa la sal, coronel?”
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Los mismos camaradas pasaron la noche en un bar llorando, no por el preso que soñaba, sino por la canción que cantaba una hermosa mujer.


domingo, 30 de enero de 2011

Se busca poeta

-Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?
-Quiero ser poeta, pero ante todo quiero ser feliz, aunque esta aclaración redunde.
-Difícil oficio ese de ser feliz.
-Nadie dijo nunca que ser feliz fuese fácil, excepto para un poeta. Aunque su felicidad no consiste siempre en sonreír, sino en dejar a su corazón hablar.
-¿Por qué un poeta tiene ese privilegio? ¿Por qué escribir poesía, versos ordenados uno tras otro, te da la felicidad?
-Ser poeta no es sólo plasmar delirios del corazón en un folio, aunque también forma parte de ese arte. Ser poeta es mucho más.
Es poder ordenar tus sentimientos y, en ocasiones contárselos a un folio a través de un bolígrafo; aunque también hay poetas mancos.
Es recitar versos a Natura, a Cupido o a una lágrima que nunca llegará a besar el suelo; aunque también hay poetas mudos.
Y es que ser poeta es mucho más que dejar fluir las palabras en el papel, mucho más que sentir los versos acariciando o desgarrando tus cuerdas vocales hasta llegar a tus labios; porque se puede  incluso dejar de escribir, pero nunca se puede dejar de ser poeta. Un poeta nunca estará en paro porque sus sentimientos nunca lo abandonan, siempre lo acompañan aunque éste no quiera sentir al recordar, aunque no desee reír o llorar. Y es que asaltan al poeta en el momento menos oportuno, y no les importa en absoluto. Aunque crea que esos sentimientos forman parte del pasado, regresarán en verso a abrir heridas o a añorar momentos de antaño; aunque esté nadando en el mar o dormitando bajo un roble del bosque, el verso llega al poeta, lo acosa hasta que no accede a sus deseos de llegar a un papel; aunque el poeta ame o sea amado, puede odiar o ser odiado a causa de un poema; aunque un poeta sea feliz o una persona totalmente destruida por la vida, puede cambiar, sustituir esa felicidad por una amarga sonrisa, o viceversa, incluso unos versos, o uno sólo, pueden obsesionar al poeta hasta tal punto de no dejarle dormir o comer, de abandonar su patria o incluso llevarlo hasta la muerte. Ser poeta no es escribir una antología de poemas por los que se paga un precio; la poesía no se compra ni se vende, su valor es incalculable, no es una mercancía, la poesía es un modo de vida. El poeta nace, no se hace, nadie puede escribir versos si no los siente, si nada ni nadie le provoca un sentimiento de tal magnitud que sienta la necesidad de escribirlo o recitarlo o simplemente amarlo dentro de sí, si no está decidido a renunciar a todo –amor, familia, amistad, trabajo, dinero, etc.- por su amor a la poesía. Y es que nadie dijo que ser poeta fuera fácil.

miércoles, 26 de enero de 2011

Carlos Salem

no hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza
por eso de que sus caderas...

ya sé de sobra que tiene esa sonrisa
y esas maneras
y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.

pero además la he visto seria ser ella misma
y en serio que eso no se puede escribir en un poema.

por eso, eso que me cuentas de que mírala cómo bebe las cervezas
y cómo se revuelve sobre las baldosas
y qué facil parece a veces enamorarse.

todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo
de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción...

todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre.

pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente
para decirte, venga, hazte un peta y me lo cuentas.

no sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece,
luego te abrace,
y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.

así que supondrás que yo soy el primero que entiende
el que pierdas la cabeza por sus piernas
y el sentido por sus palabras
y los huevos por un minimo roce de mejilla.

que las suspicacias,
los disimulos cuando su culo pasa,
las incomodidades de orgullo que pueda provocarte
son algo con lo que ya cuento.

quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada,
que hace tiempo que escribo los míos.

que yo también la veo.
que cuando ella cruza por debajo del cielo sólo el tonto mira al cielo.

que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior.

que conozco su voz en formato susurro
y formato gemido
y en formato secreto.

que me sé sus cicatrices
y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría,
y me sé lo de sus rodillas
y la forma que rozar las cuerdas de una guitarra.

que yo también he memorizado su numero de teléfono
pero también el número de sus escalones
y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías.

que no solo conozco su última pesadilla,
también las mil anteriores,
y yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada
porque tengo más deudas con su espalda
de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo).

que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella,
rendida a ese puto milagro que supone que exista.

que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos,
y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que le puso el camino,
y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.

que lo de "mira sí, un polvo es un polvo",
y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas
y sólo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.

que te entiendo.
que yo escribo sobre lo mismo.
sobre la misma.

que razones tenemos todos.

pero yo
muchas más que vosotros.



Nadie tiene un corazón como el de Otto.


sábado, 22 de enero de 2011

Simples palabras

"Sólo son palabras" dijo un sinalma a un poeta. Ese sinalma piensa y siente (poco, pero lo hace), y es posible gracias a las palabras; algunas las usa para sensaciones banales (como "qué frío hace aquí") y otras ocuparán su mente varias horas al día, como "trabajo","dinero" o "hipoteca"; pero para el poeta cuya alma llora desde aquel momento, las palabras importantes son las que tienen que ver con el corazón. La palabra por excelencia es "amor"; a algunos (muchos, por desgracia) les parece cursi, pero es el motor del alma. El amor, el de verdad, lucha por algo o alguien, y es la única fuerza que de verdad es capaz de mover el mundo; el dinero del sinalma no lo salvará de la ira de Gea, pero el amor si ayudará al poeta en cualquier tempestad. El amor hace al humano luchar por su madre Tierra y sus moradores, lo hace buscar la libertad de éstos aunque le cueste la suya propia. El amor lleva al humano a pelear a muerte por sus amigosy hermanos. El amor lleva al hombre hasta límites que nunca imaginaría, lo lleva al fin del mundo por una sola persona, le roba sueños con un beso, estremece su corazón con una imagen del recuerdo, lo hace llorar de impotencia, alegría o nostalgia... El amor es, por lo que puede conseguir de un cuerpecito enclenque y vulnerable, simplemente magia.

martes, 18 de enero de 2011

Prohibido fijar cARTEles

¿Reprenderéis al Arte por fijar carteles sobre sí mismo? Si prohibís el Arte, ¿cómo pensáis desarrollar vuestras mentes? ¿a base de máquinas?


El Arte tiene un enemigo que se llama Ignorancia

domingo, 16 de enero de 2011

Marinamente

Atardecía. El agua, siempre vestida de algún tono diferente pero azul al fin y al cabo, era coronada por esponjosa espuma blanca que llegaba a la orilla con fuerza salvaje. Los guijarros que allí yacían la esperaban inmóviles, conocedores de que la mayoría de ellos acompañarían a la ola hacia lo más profundo del mar.
En la superficie, ya lejos del fondo marino, besaban el mar los últimos rayos del día; una comunión perfecta entre azul y naranja que llamó la atención de un volador de alas azabache, envidioso.
Todo se teñía de ocaso y me era más fácil captar los verdaderos colores de las piedras, que se mostraban ante mis ojos en su más pura realidad. Agachada para tocarlas, una enorme ola llegó hasta mí mojando mis pies, en un ataque de protección de sus pequeñas obras de arte. Le expliqué que mi intención era conocerlos, y con una suave y tímida espuma que acarició mis manos comprendí su perdón. Eché unos cuantos trocitos de mar a mi bolsillo, y me marché. Observé con asombro, desde la lejanía, su bravura inmutable en cada ola, recorrí con un último vistazo el acantilado rodeado de enormes rocas; la línea del horizonte interrumpida por un islote, pequeño paraíso en mitad del mar; la curva de arena que rodeaba el agua y los millones de piedritas que ya nadie volvería a ver.
Pero, sobre todo, en ese último momento, desee como siempre poder llegar al horizonte para ver de dónde vienen esas perfectas figuras azules.

viernes, 14 de enero de 2011

Au revoir, nochélogos


Cada vez entiendo menos al puño rojo de mi pecho. No sé, desde hace algún tiempo, parece que hablásemos idiomas distintos; mejor dicho, hace tiempo que no hablamos, que no mantenemos nochélogos interminables sobre nuestros miles de sensaciones. Por las noches ya no me asaltan sus latidos interrogantes desvelándome, ya no me abstrae a su mundo de emociones y sentimientos, ya no guía a mi mano en sus viajes por mil folios. Es decir, que bombea sentimientos con dificultad por mi cuerpo, que el ritmo de sus latidos es diferente a como yo lo conocía, es desganado y cuesta oírlo (y parece que mi oído interno no está por la labor). Ya ni yo le cuento nada ni él me dice qué tal le va, no me plantea ya sus dudas para que las resolvamos juntos y está haciendo un nudo de líos con cada poro de mi piel. Antes accedía a sus emociones con total libertad, pero debe ser que perdí la llave (y maldita mi cabeza que no pensó en hacer una copia). Es como si estuviera enfadado conmigo, pero no sé por qué; es cierto que le hicieron daño, pero yo no lo permití adrede. En los momentos más insospechados se encoge ante algún doloroso recuerdo y me obliga así a dejar para después lo que esté haciendo, acapara toda mi atención pero no entiendo lo que quiere decirme; sé que es el amor quien le provoca insomnios y esos dolores tan insoportables, sé que de mis labios debe salir la solución pero no acierta a decirme cuál es. 
No sé cómo quieren que escuche a mi corazón si ni él mismo sabe lo que siente.


lunes, 10 de enero de 2011

Menos mal que existe el mar

Nunca había sentido en mi piel una ola rota; creí que sería como la nata para las fresas, la espuma del champú o una mousse de chocolate. Pero no.
La verdadera espuma marina se deshace entre tus poros, recomponiéndose rápidamente, y deja como único recuerdo de ese efímero momento miles de gotas de agua fresca que mojan tu piel. Y lo que es mejor, la traspasan. Se alojan en tu interior, te empapan por dentro y vuelven al mundo cuando tu corazón llora por los ojos; es por esto que las lágrimas son saladas.

sábado, 8 de enero de 2011

desHUMANISMO



Quizá el problema en que se encuentra sumido el ser humano y sus valores venga del Humanismo renacentista; la idea de “el hombre como medida de todas las cosas” ha sido distorsionada hasta límites inimaginables, y nadie se ha dado cuenta. Esta expresión surgió como rechazo a la mentalidad acerca de Dios y su omnipotencia, como exaltación del ser humano y de su disfrute en la vida terrena. Pero se ha convertido en un principio totalmente cambiado en la actualidad, y quizá ese sea el problema.
El hombre se toma como ejemplo de mesura, pero no a todo el colectivo, no a todos y cada uno de los seis mil millones de humanos que pueblan la Tierra. Cada humano se toma a sí mismo como medida del mundo, egocéntricamente, de manera que hay seis mil millones (y muchos millones más que hubo y habrá) de formas de medir las cosas. En la variedad está el gusto, dicen, pero aquí no tiene cabida esta reflexión. Todos los seres humanos tenemos los mismos derechos y deberes, las mismas capacidades, la misma estructura física y mental, al igual que todos los animales tienen el mismo número de patas, el instinto desarrollado para sobrevivir, y las plantas evolucionan para alimentarse únicamente del aire, el sol y el agua. Por ello, todos los seres humanos deberíamos saber dos cosas: la primera y fundamental, que no todo gira en torno a nosotros, individualmente hablando, que no todos los procesos, personas y demás cosas del mundo dependen sólo de nosotros, sino que la idea humanista se centra en el hombre como colectivo, como una unidad compacta en torno a la cual gira, como seres pensantes que somos, el resto del mundo. La segunda, y no por ello menospreciable, es que el colectivo de que hablo es una parte más del planeta, una de las miles o millones de poblaciones y especies que habitan en él, por lo que la idea humanista no debería servir más que para relegar al pasado ignorante la idea de que un Dios rige nuestras vidas.
El hecho de que nos consideremos humanistas en el sentido de que seguimos esta idea es una contradicción por varias razones: la gente que cree en un dios todopoderoso y regidor de sus vidas no podría, entonces, considerar que ha avanzado desde la Edad Media puesto que sigue atado a ese dios que los humanistas pretenden eliminar; por otro lado, los que no creen en ese dios y se consideran centro en torno al cual gira el resto del mundo, deberían saber que son parte prescindible en este gran sistema que es el universo, por lo que la idea humanista debe servirles exclusivamente para rechazar a un dios y poner en marcha su capacidad racional para convivir en el mundo de la manera más sostenible y armoniosa posible (cosa que, por otro lado, no consiguen, así que ¿de verdad merecen el calificativo de ser “pensante” y raza “superior”? ¿merecen llamarse humanistas?).
Quiero decir que deberíamos interiorizar el principio del Humanismo como medio para ser conscientes de que cada ser vivo tiene dominio únicamente sobre su propia vida; no debemos rendir cuentas a ningún dios, y no podemos controlar y someter la vida de diferentes seres a nuestra voluntad, sino que ellos mismos (ya sea desde su razón humana o desde su instinto animal o vegetal) la dirigirán a su gusto y orientada a sus necesidades.

lunes, 3 de enero de 2011

¿Por qué soñar?

No pasa una noche
sin que el soñador Morfeo
nos lleve con él
a viajar muy lejos.
Comienza una aventura,
-mejor decir que continúa:
esa vida paralela
que acontece bajo la luna.
Amores, alegrías,
cientos de llantos,
o un grito repentino
nos despierta de un sobresalto.
Sensaciones muy extrañas
al abrir los ojos,
notas que la almohada
guarda un secreto de oro.
Esa gente que conoces
sin haberla antes visto,
esos lugares, sensaciones
que jamás has sentido.
Esos sueños tan bonitos
que deseas se hagan realidad,
un buen día se cumplen
y llega a ti la felicidad.
Noches de amor puro,
de angustia y soledad,
no nos dejan indiferentes
cuando acabamos de despertar.
¿Por qué gastar
un tercio de nuestro día
durmiendo, soñando,
viviendo en otra vida?
¿Para qué dormir
si no es para soñar?
¿Por qué anochece
si no es para despertar?

sábado, 1 de enero de 2011

Feliz 2010

No sabes si será feliz el nuevo año o no, aunque lo desees, obviamente. Lo único que sabes es cómo fue el año que acabó con la primera uva. Dejas atrás millones de momentos que, al recordar, los ordenarás cronológica o sentimentalmente.
El frío del primero de enero, la llegada de la ansiada primavera, exámenes y más exámenes, la marcha de un amor partido entre el año anterior y el presente, el regreso de la amistad y sus sonrisas, olas en verano -mucho, mucho mar-, viajes inolvidables, nueva gente y personas que te acompañan desde hace años, fotografías y mil poemas de papel.
Esos, y muchos más, son los momentos que dicen que mi año 2010 fue genial, que se cumplió la típica frase de "Feliz año", que excepto uno de los episodios vividos, todos hacen que haya sido un año memorable con una nota de alegría en mis ojos.

Lo dicho, feliz 2010.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Llamada a un poeta

Llegaba, como siempre, de noche a casa, faltaban unos minutos para bajar del autobús. Me iba alejando cada vez más de esos bares y sus cafés, con sus dos poetas hablando, sintiéndose mejor sabiendo que son comprendidos, que también odian el invierno, que también aman el arte y las pequeñas cosas; pero llevaba conmigo, como siempre, algo que me recordaría esas conversaciones, sonrisas y miradas calladas: llevaba un libro de poemas y mil sentimientos para los míos. Una parada más y listo. Estaba cogiendo el bolso de mis rodillas con el mayor de los cuidados para no estropear mi tesoro amarillento, preparada para levantarme, cuando un poeta se sentó a mi lado (tengo la costumbre de sentarme mirando a la ventana, en parte para contemplar la vida, en parte para dejar sitio a alguien que desee ocupar un asiento junto a mí). Sí, afirmo que era poeta porque sus ojos me lo dijeron, porque ese “hola” sonó a verso, porque su pelo estaba despeinado. Pero sobre todo sé que es poeta porque, tras cuatro segundos de viaje juntos, debí pedirle que me dejara salir, y llamé su atención para hacerlo tocando su brazo (debería estar frío de la calle invernal, pero emanaba el calor de la poesía). Asintió con una sonrisa y me dejó marchar. 

Había muchos sitios libres en el autobús, pero la poesía llama a la poesía.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Sueño en el mar


No sé si vivían allí desde siempre o fueron a parar a ese lugar solamente por un breve período de tiempo. Una más bella que la otra, vestía un largo traje en sedas roja y blanca adornadas con finos brocados de oro; su morena cabellera ondeaba casi por completo al viento, a excepción de unos rizos que recogía un delicado broche. La otra, menos perfecta a simple vista pero más interesante en su corazón, a penas se preocupaba por su aspecto, según denotaban sus pantalones cortos, su camiseta raída y su rubio cabello con tacto de paja.
Mientras que la primera daba largos paseos por la arena en busca del hombre perfecto, la segunda gustaba de sentarse en las rocas del acantilado a contemplar el azul siempre majestuoso.
Vivían aisladas de cualquier tipo de sociedad, sólo se tenían la una a la otra. La casa que habitaban era pequeña, poco cuidada y albergaba a unos pequeños compañeros de las dos mujeres. Consistía en una habitación con dos grandes portones: uno hacia un patio interior, asemejado a un claustro con sus florecillas, columnatas y una modesta fuente. La otra puerta daba paso desde el exterior de la casa vieja –casi tanto como la frondosa y variada vegetación que la adornaba: arbustos aromáticos, flores de todos los colores imaginables, palmeras y grandes árboles, incluso enredaderas que corrían por toda la fachada; a pesar de esta abundancia, no daba aspecto de gran bosque, sino de un coqueto pero salvaje jardín. El primer paso al salir de la casita te llevaría a una escalinata de madera, que descendía por el jardín hacia un abrupto acantilado, ese que mantenía presa a la rubia joven. Desde allí se podía observar todo lo imaginable, desde el perezoso horizonte hasta las piedras sólidas que componían la fachada del único hogar de la zona, desde las rocas que sobresalían del mar bajo sus pies hasta el alero de pizarra de la casa. Y es que, efectivamente, ese Edén se encontraba en los confines del mundo, era el lugar más remoto del universo conocido.
Así pasaban los días en este curioso paraíso, la una anhelando un príncipe que la amase, la otra enamorándose del mar. Hasta que un día llegó a su morada un hombre que nada tenía que ver con el de los sueños de la bella joven: de corto pelo moreno y gran corpulencia, pero nada elegante, ese hombre se instaló en la estancia contigua a la habitación de las jóvenes. Al principio desconfiaban de él, pues no articuló palabra desde su llegada, pero poco a poco comenzó a salir a observar el mar desde el acantilado y a disfrutar de baños con la dorada mujer entre las rocas del mar.

Cierto día, estaba la joven, como de costumbre, observando el mar, cuando se decidió a entrar en contacto con él. Así, se encontraba saboreando el agua salada en su piel, cuando unas gotas perfectamente redondeadas se ordenaron en forma de palabras, creando hermosos versos. 

Lloró su corazón emocionado por tan bellos sentimientos, y miró en el fondo del mar, emergió a la superficie, miró al cielo… pero no encontró respuesta  a quién era su autor. Se interrogó durante horas, aturdida ya que su hermana no podía declararle ese tipo de amor romántico y pasional, y el hombre que se alojaba con ellas no conocía nada de ella para enamorarse tan perdidamente. Pero de pronto, a su lado entre el agua, apareció la figura del único hombre del lugar; a pesar de que no era bello para la joven morena, a su hermana le pareció de una gran belleza, irradiante de una luz especial. Entonces comprendió que su amor con el mar sería el más puro, el más sincero, en definitiva, el único amor verdadero de su vida; lo extraño fue que sintió lo mismo por el misterioso hombre que por el mar, lo que la llevó a pensar que se trataba de la personificación de éste. Su amor de carne y hueso, abandonando el mismo aturdimiento en que ella se encontraba sumida, le confesó ser el autor de dicha magia, que venía desde lejos impulsado por una fuerza superior a él que antes no comprendía pero que al verla supo que se trataba del amor; estas palabras bastaron para impulsar a la joven a besarlo y amarlo en la perfección del mar.

martes, 21 de diciembre de 2010

Buenas noches, Sol

El manto de hojas que sustituía a coloridas flores en las calles veraniegas, el azul del cielo ocultado por grisáceos algodones, el color de la piel tostada por el sol, los eternos días, las cortas noches de amor, mil viajes, libros y todo el tiempo del mundo, esa canción tan especial, un café en el balcón de una ciudad extranjera…
Todo ello se esfumaba, dejaba paso al frío en los rostros y al hielo en las personas, al consumismo navideño, a una neblina permanente entre dos miradas, a una melancolía que cubría la ciudad entera sin saber muy bien porqué, a noches eternas buscando el calor de las mantas y no del amor…
No alcanzaba a comprender cómo siendo tan perfecto el olor a primavera y el azul del mar en verano podía existir el frío en la piel y, sobre todo, el frío interior. La apenaba tanto que el frío congeló también sus cuerdas vocales (aunque jamás pudo con sus manos), la enmudeció, y toda esa tristeza se resumía en esa última frase que salió de su boca hasta la llegada de la primavera. “Buenas noches, Sol”.


sábado, 18 de diciembre de 2010

Ladrones de ilusión

Robadme el bolso, una lágrima, mi mejor sonrisa al doblar la esquina. Quitadme las pulseras, cinco minutos cada mañana y hasta un rizo de mi melena. Pero no me robéis la noche, dejadla encendida para que pueda ver las montañas que rodean la ciudad, para adivinar la silueta de mi amor junto a mí, para que pueda acariciar las hojas de un libro. Dejadla para que pueda hipnotizarme la mirada de ese gato negro que sale por mi ventana, para que pida deseos a las estrellas y dé forma a sus hermanas, para que la luna bañe con su luz cada recodo del mar. Por favor, dejad como única luz nocturna a las estrellas y a la luna -ella me promete que siempre vestirá su marfileña y redonda desnudez si me obedecéis. Quitad de las calles la navidad, las farolas (pero no todas, dejad algunas en las que agarrarme si bailo bajo la lluvia), apagad los coches y disfrutad de largos paseos al ocaso con la sinfonía de los lobos, romped todos los interruptores de casas y edificios y amaos en la oscuridad de las sábanas. Dejad abandonada en un rincón a la luz naranja y permitid a la blanca color paz que ilumine nuestras noches.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Noche verde


Acabó de leer ese libro que días antes le regalara su amigo poeta, ese libro con el que tantas horas había pasado, por el que tanto sufrió y con el que llegó a amar en tinta, ese libro que la sobrecogió con cada palabra y cada página que la acercaban al final de su historia. Cerró sus tapas azules, sintiendo el amor aflorando hasta sus dedos bañados en lágrimas. Con esa sensación agridulce del fin de un amor de papel se arropó bajo las mantas y deseó con todas las fuerzas que le quedaban poder alejar el frío de su almohada con el calor del amor. En medio de esa alegría y pena, de ese amor y melancolía, cuando se estaba abandonando al mundo de los sueños, un recuadro del color de sus bucles irrumpió tras sus ojos, alejando cualquier sentimiento. Se preguntó por esa figura tan parecida al libro que acababa de leer, tan diferente a los ojos de un poeta. Poco a poco, se fue acercando desde las tinieblas y se mostró en todo su esplendor ante ella, con su perfecta y simple desnudez. Comprobó que el color negro que vislumbrara unos segundos antes era el calor de la poesía sumida en la más absoluta y nostálgica oscuridad. Eran las palabras que componían un pequeño párrafo, un texto de apenas diez líneas. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para descifrarlo, comenzó a leerlo y en ese preciso momento comprendió una cosa: si abría los ojos para anotarlo en esa libreta que se encontraba dormida a veinte centímetros de su piel, abandonaría al texto a su suerte y jamás volvería a verlo. Así que decidió disfrutarlo en la soledad de sus sábanas, sintiendo que era el texto perfecto que jamás se escribiría. Y con esa sensación de haber vivido algo único, mágico e irrepetible, se dejó llevar por Morfeo. Éste la dejó en un lugar conocido, nada menos que su cama. ¿Estaba soñando o aún seguía despierta? La visión de un poeta esfumó esa duda.

Habían pasado la tarde con un café entre ellos, pequeños poetas sentados sobre madera, escuchando himnos a la libertad y conversando sobre poesía. Decidieron pronto callar a las palabras de sus labios y dejar que el corazón hablara por ellos. Se besaron durante horas, enredaron sus dedos en los cabellos del otro, y cuando no se acariciaban buscaban sus ojos para sentir el cariño. Con una lentitud propia del amor, se desnudaron, besaron sus pieles ardientes y saborearon cada recodo de sus cuerpos. Sin prisa, sin pausas, sin cortes escénicos hicieron el amor como si estuvieran en una choza en los Riscos. No les preocupó la noche oscura, los cantos de las aves envidiosas de esos sentimientos tan reales como el frío que se intentaba colar entre ellos. Se conocieron plenamente, encontraron sus lunares más recónditos y se contaron sus vidas con los suspiros que escapaban de sus besos. Inventaron un nombre para cada poro por el que se escapaba el amor, escribieron poemas con besos en la curva de sus ojos y fueron a navegar tras sus párpados.
Al despertar, vio sus ojos verdes de poeta observando su cuerpo desnudo y aun caliente, que lo abrazaba intentando retenerlo para siempre. No, esos ojos de poeta que acababa de conocer el amor puro nada tenían que ver con los cenicientos que poco tiempo antes le hablaran de la tristeza. Sus labios de poeta sonreían intentando llegar al cielo, de una forma que nadie antes vio en tan apagada boca. Su mano de poeta recorrió los hoyuelos de sus mejillas, sus pestañas imitadoras de mil plumas, sus finos dedos, su suave nariz, sus pies que divertidos lo tocaban. Él la abandonó bajo las sábanas por unos eternos minutos para preparar el zumo que tanto le encantaba, y con la mañana por delante se amaron entre risas y besos, entre recuerdos del amor reciente.
Y ella despertó con los primeros rayos del sol en el cielo azulado y matinal que  entraban por su ventana. Se sintió feliz al haber vivido en sueños el amor puro y libre del libro que la emocionara horas antes, conociendo por fin lo que era el amor del que algunos poetas chiflados hablaban en sus poemas.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Lágrimas de Arte

 


Las mejores conversaciones son las que se dan frente a una taza de café: bombón, asiático, florencia… todos asisten a las reflexiones de sus besadores furtivos, a sus sueños, a su continuo divagar acerca de un mundo mejor, de los deseos, de fracasos o del amor.

*-¿Sabes? Es perfecto. Esto es amor puro, sin celos, con pasión, sin penas, es el amor por el amor.

*-Como Bécquer y toda la hilera de románticos, creo que el alma huye del cuerpo al soñar y conoce otros lugares, otras gentes, mantiene una vida paralela que acaso es la vida realmente, porque de lo contrario, ¿por qué soñar?

*-Algún día todos ustedes se sentirán muy orgullosos de mí; no escucharán una canción mía en la radio ni leerán mis artículos en la prensa, y mucho menos recibiré nunca premio alguno. Verán que en el mundo desaparece la religión y la política, y con ello la pobreza, la miseria, la discriminación…
No se alarmen, no asesinaré a nadie, porque si lo hiciese acabaría también con mis propios valores. Lo lograré desde el Arte, ese por el que he derramado tantas lágrimas y con el que he aprendido a fabricar mi propio mundo ideal. Porque no hay arma más eficaz que la palabra sincera del corazón; ¿por qué sino se puede destruir todo avance o mejora con una bomba y no ocurre lo mismo con las palabras? Todo en el mundo es frágil, se empeñan en dominar la naturaleza, pero caerán de ese árbol cuando vean que no pueden atar un rayo ni poner vallas al cielo, no pueden acabar con los sueños ni resistir una ola salvaje, no pueden vencer las fauces de un león sin recurrir a las armas. Son débiles, a pesar de sus corbatas al cuello, que no son más que su propias horcas, y sus trajes negros -¿intentan imitar a la raza a la que destruyen?
Cada vez son más incoherentes, aunque califiquen a esa enfermedad de “progreso” o “sociedad” o “evolución”. Se degradan a un ritmo alarmante.
Pero todo esto cambiará gracias al arma pacífica que es el Arte.

martes, 30 de noviembre de 2010

Una vida entera

Dieciocho años no dan para mucho históricamente, pero a mí me han sobrado para vivir todo lo que llevo ya a mis espaldas.
Desde el nacimiento de mi hermana hasta que nadábamos juntas en aquella piscina, desde la primera caída en bici hasta la fractura de clavícula, desde mi pasión por Granada hasta mi primer amor, desde la visita del lejano Oriente hasta mi primera amiga...
Han pasado mil cosas en mi vida en tan sólo dieciocho años, y quién sabe los millones que vendrán -¿seré poeta o marinera?¿En España o en la luna?. Algo nunca cambiará: preferiré siempre el verano y su calor, la luna llena, el color azul, el mar, el libro de papel, mi amiga lo será siempre...
Así es como está el mundo desde que el hombre es hombre: hay algunos cambios, como revoluciones, tecnología, plástico..., pero lo esencial jamás cambiará.


Seguirá habiendo leyes contra la libertad y dictadores apoyados por quienes les han regalado la suya, vidas malgastadas en nombre de una patria o un dios, poemas perdidos en el tiempo, lágrimas y sollozos de almas en soledad, cadenas al amor... Pero sobre todo algo será inmutable hasta que el hombre desaparezca: crearán un verano perpetuo, llenarán la luna de metal, contaminarán los ojos hasta dejarnos ciegos, el mar será vertedero mundial, los papeles serán billetes, condenarán al amor y la amistad...
Y seguirán llamando rojos de mierda, revolucionarios, anti-sistema, anarquistas de pacotilla a quienes intenten hacer que esto no se convierta en una realidad, a quienes luchan por ser felices en la única vida que poseen (sin rendir cuentas a nadie más que a sí mismos, sin matar a sus propios hermanos...), a quienes están en contra de cualquier poder que coarte su derecho a ejercer la libertad, a quienes no quieren servir a un inepto y alimentarlo con su dolor... a esos inconformistas con pantalones de rayas y rastas en la cabeza exterminarían sin saber que ellos emplean la razón en sus actos, se guían por una bandera con la libertad como único fin, respetan la vida de la naturaleza y humanos por igual, sin saber, en definitiva, que ellos son lo que se llama personas y no lo que pretende la maldita sociedad.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Es una pena



Un hombre rompe ese silencio del autobús con una cancioncilla. Resulta agradable ver a alguien feliz entre tantas caras largas enfadadas con el mundo. Se aproxima a mí y se acomoda en un asiento cercano, lo suficiente como para que me dé cuenta de que esa alegría es fruto del alcohol, de que todo es mentira. Y es una pena.


Es una pena que la única manera de parecer feliz hoy en día sea en la soledad de una barra de bar, una pena que se sustituyan sentimientos por fórmulas matemáticas carentes de sentido moral, que ya no se disfrute con las cabriolas de un animalillo contento, que no se pase tiempo con los seres amados, que no nos hagan sonrojar las bonitas palabras y sonrisas de un viandante…
En definitiva, es una pena que no se valore nada de lo que se tiene o, mejor aun, de lo que se puede conseguir. Menos mal que aún me quedan razones para sonreír.
La alegría de mi hermana, el abrazo de la amistad, los besos y sonrisas de mi amor, la poesía de Álvaro, un café, un libro en una plaza adoquinada, una nota escrita con prisa pero con buena letra de mi abuela –estoy fuera. La comida está hecha-, el gato de mi armario, las risas, los recuerdos italianos, escribir, sentir el mar en mi piel…
Menos mal que aun me quedan motivos para ser feliz.

martes, 16 de noviembre de 2010

Desayunos

Recién abandonas ese mundo, vuelves a la quietud de tu cama por unos instantes, y abres los ojos. El mundo real.
"Voy a tomar algo ligero que llego tarde."
O mejor aun: "seguro que le encantará un café con leche en la cama."
"No me apetece tomar nada, pasé una noche horrible."
Prefiero poner pan a tostar, calentar un poco de leche y llevarlo al sofá bañado de sol matutino. Allí lanzar unos cuantos cereales al pozo de mi vaso, y poco a poco ir poniéndolos a salvo tras mis labios. Pero para algo muy curioso: algunos están crujientes al llegar a mi boca, y otros se deshacen. Los primeros son tipos duros que no se dejan impregnar por la vida, y los segundos no pueden contra ella. Todos por igual van a dar con mis dientes. Y me bebo la vida poco a poco; otra gente prefiere tragarla de golpe, sin saborearla, aun sabiendo que pueden atragantarse en el intento.
Aparecen pues, al fondo de mi vaso, unos cuantos cereales, esos que no fueron capaces de resistir el dulce sabor de la vida y quisieron beberla toda; pobres ilusos, se ahogaron por tanta sed que tenían de la vida de los demás.
Unto la tostada con dulce mermelada y un poco de mantequilla, el amor y la libertad unidas -la vida sin ellas sería una masa de harina aglutinada en mi boca incapaz de avanzar.
Un poco de zumo de naranja acompaña a cereales y tostada por mi garganta mientras disfruto el silencio.
No es lo mismo una vida completa que un café ardiendo a toda prisa en la lengua o un par de galletas camino del trabajo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Onas

Los onas vivían principalmente del mar, recolectando moluscos y aprovechando los restos de ballenas. Así vivieron durante siglos, hasta que los europeos empezaron a expulsarlos de sus tierras de cacerías, y junto con ellos a sus dioses, que habitaban en la oscuridad de sus bosques. Dicen que los dioses de los onas eran gordos, flojos y pacíficos. 
Una leyenda cuenta que, cuando los europeos les arrebataron sus bosques, construyeron una gran barca, una suerte de arca para salvar a sus dioses, pero como no tenían experiencia de constructores navales y sus divinidades eran gordas, la barca naufragó en medio del estrecho. Así, al empezar el exterminio de indios, los onas no tenían dioses protectores, y los europeos y los criollos los vieron construir pésimas embarcaciones con pieles y cortezas, intentaron rescatar a sus dioses del fondo de la mar, o tal vez quisieron vivir con ellos en su nueva morada.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Mundo del fin del mundo

Una crecida cabellera canosa impedía calcular su edad, lo vi caminar los pocos metros que nos separaban con ese andar de pelícano característico de los marinos con muchas millas a la espalda, navegantes que todavía es posible ver en algunos puertos y que tripulan barcos de banderas pobres. No bajan a menudo a tierra y parecen llevar en sus cuerpos el vaivén de los barcos. Quedan pocos ejemplares de esta novelesca marinería. Las tripulaciones actuales están compuestas por oficiales expertos en informática y por marinos jóvenes que no ven en la mar más que una situación transitoria. La paga no es de las mejores y la modernización de los puertos acabó con la esperanza de ver un poco de mundo.
Los hombres han dado la espalda al embrujo de los océanos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Ser poeta

Adoro escribir, leer, llorar la poesía. Es una sensación tan genialmente única el saber que alguien sintió el verso que posees solamente tú entre tus manos, en esa precisa pizca de eternidad, con cierto olor a paso del tiempo pero tan válido como hace años... O una sencilla historia de amor, censurada por alguien que no consiguió ser amado y condenó por tan enorme desdicha a generaciones completas a no conocer lo bello de tal fuerza. Es algo tan parecido a ser dios... crear algo sobre papel con tus propias manos, pero que nace de mucho más adentro, de ese lugar en que duele cuando se acaba el amor, donde se ríe al ver la sonrisa de un amigo, donde se llora de felicidad, donde todo se colapsa al sentir que algo no va bien, allí donde la perplejidad se abre paso por creer que alguien desconocido pensaba en ti al escribir un poema, el único lugar en donde se puede ser libre por completo de cualquier cadena...De ese lugar tan desconocido por algunos nace la más maravillosa obra de la creación, esa capaz de cambiar del odio al amor, de la indiferencia al llanto, capaz de llegar a todos los rincones del universo y de emocionar a todos los moradores de Gea.
Eso es lo que poca gente aprecia al leer un poema, y lo que mucha gente ni sospecha cuando se encuentra ante un montón de versos empalagosos y aburridos de un chalado poeta.

Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca

viernes, 5 de noviembre de 2010

Slow!

7 Consejos Slow
  • Tómate una infusión con los pies apoyados fuera de la ventana. No hacerlo mientras conduces.
  • Invierte calidad de tiempo en la bañera, y si es acompañado mejor.
  • Escribe estas palabras en un sitio visible: Hacer varias tareas a la vez es no hacer ninguna bien
  • No te veas forzado a responder con rapidez, tómate tu tiempo.
  • No lleves el reloj encima, no te preocupes que sabrás la hora.
  • Bosteza a menudo. Bostezar es bueno para la salud
  • Escucha una pieza de música de Mozart en su tempo original.

http://movimientoslow.com/es/filosofia.html

http://www.slowpeople.org/

http://www.slowfood.com/

lunes, 1 de noviembre de 2010

Sastrecilla


¿De qué me acuerdo? ¿De si ella nada bien? Sí, a las mil maravillas, ahora nada como un delfín. ¿Antes? No, nadaba como los campesinos, sólo con los brazos, nada de piernas. Pero tiene un cuerpo de verdadera nadadora. Yo sólo le enseñé dos o tres cosas. Ahora sabe nadar, incluso el estilo mariposa; sus riñones ondulan, su torso emerge del agua en una curva aerodinámica y perfeccionada, sus brazos se abren y sus piernas azotan el agua como la cola de un delfín.
Lo que descubrió sola fueron los saltos peligrosos. En nuestro paraíso acuático, una especie de poza completamente aislada, de agua muy profunda, cada vez que trepa a lo alto de un pico vertiginoso para saltar me quedo abajo y la miro desde un plano contrapicado casi vertical, pero me da vueltas la cabeza y mis ojos confunden el pico con los grandes ginkos que se recortan por detrás, como en una sombra chinesca. Se vuelve muy pequeña, como una fruta pendiente de la copa de un árbol. Me grita cosas, pero es una fruta que susurra. Un ruido lejano, apenas perceptible debido al agua que cae sobre las piedras. De pronto, la fruta cae flotando en el aire, vuela atravesando el viento, en mi dirección. Por fin, se convierte en una flecha de purpurina, ahusada, que se zambulle de cabeza en el agua sin mucho ruido ni salpicaduras.
Antes de que lo encerraran, mi padre solía decir que no era posible enseñar a bailar a alguien. Tenía razón; lo mismo ocurre con las zambullidas o con escribir poemas: debes descubrirlo solo. Hay gente que, por mucho que se la aleccione durante toda la vida, siempre parecerá una piedra cuando se arroje al aire, nunca podrá hacer una caída como la de un fruto que emprende el vuelo.